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sábado, 31 de agosto de 2013

Suerte...

Tal vez no creas en la suerte, azar o llámale 
casualidad, yo si. 

Y es una suerte tenerme. Espero que la tormenta despeje mis pensamientos y limpie mi mente, que borre las imágenes. 

Yo soy jugadora, sé ganar, sé perder y sé 

retirarme con mis ganancias a tiempo. 

Dobla tu apuesta conmigo y juega tus últimas 

cartas, tal vez en un golpe de suerte, ganes.






Me voy...

Me voy con el frío de la madrugada, con mi amor amando a destiempo, con mis sueños rotos que no compartí, con la tinta azul que escribí para ti, con mis mariposas, con los pájaros que liberaban mis manos, con las caricias y besos que no te di, con mis ganas locas de vivir.

Te dejo mi recuerdo, puedes hacer lo que quieras con el.


jueves, 29 de agosto de 2013

Mañana

Viernes. Estoy en el mismo café de todos los días -el de la sirena- en la mesa de siempre, con algunos de los clientes habituales, leyendo. Tengo el celular en la mesa, espero tu llamada, mi vida,  para ir a tu encuentro.

Siento que me observan, levanto los ojos del libro y me encuentro con una mirada de ojos castaños que sostiene la mía por breves instantes. Me distraigo un poco al sentirme observada.

No lo había visto antes aquí, no es "parroquiano". Está acompañado. ¿Quién es ella que no logra captar tu atención y la desvías hacia una desconocida a un par de mesas? Se te nota aburrido, como si tuvieras que estar ahí. Veo que asientes y contestas con monosílabos. 

¿Porqué te miro de reojo? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? Ya pasé cinco páginas y no asimilé nada, diantres. Tengo que leer de nuevo. No puedo mirarte a detalle, ya que dejaste de voltear cuando te diste cuenta que te noté. 

Suena el móvil. Contesto y sé que me tengo que ir en ese momento. Son veinte minutos de los que dispongo, pero no puedo moverme. Me quedo en estado contemplativo mirando a un desconocido acompañado que me miraba.

Cierro el libro, es inútil, no puedo concentrarme. Busco el mp3 y me dispongo a salir. Quince minutos me perdí en la nada y sé que llegaré tarde. Una última mirada cruzada con un extraño.

Lunes. Mismo café, casi misma hora. Abro la puerta y lo veo. Te veo. Miras el reloj de pulsera, se ve elegante. Muerdes la pajilla y disimulas una sonrisa. Estás solo. Atrás de mi, aparece mi amiga. Veo seriedad en tu cara. ¿Te incomodó que llegara acompañada? Me miras insistentemente. ¿Qué café tomas? Aprovecho que bajas la mirada para mirarte.

Diez minutos más y te vas. Dejas el café intacto. Eres alto, piel blanca, cabello oscuro, medio rizado, corto, bien parecido, manos delgadas. ¿En qué trabajas? ¿Cuántos años tienes? La ropa te da cierto aire formal y te aumenta algunos años. Pantalón de vestir negro, mocasines negros, camisa azul con un bolígrafo metálico prendido en el bolsillo. 

Martes. Mismo café, un poco más tarde de la hora habitual. Te veo a través del cristal mientras toman mi orden. Estás más cerca de "mi mesa". Tamborileas los dedos en la mesa. Abro la puerta, miras el reloj, te muerdes los labios para esconder una sonrisa. Estás solo de nuevo. Tomas el bolígrafo entre tus manos. ¿De qué color es tu tinta? ¿Escribes o firmas documentos? No veo algún celular o un libro, ni lap top, ni portafolio. No pruebas el café. Me inquietas. 

Diez minutos más y te levantas. Dejas el café de nuevo para novedad de las chicas que se sientan ahí y le toman fotos como si fuera un meteorito recién estrellado en la tierra. 

Miércoles. Mi rutina. Ahí estás de nuevo. Más casual, jeans, camisa a cuadros blancos con azul, el bolígrafo...Mont Blanc, estoy segura que es pluma fuente. 

¿Qué música escuchas? ¿Te gusta leer? ¿Realmente te gusta el café? Por que lo dejas completamente intacto y en la mesa. Me miras, me sonrojo. Noto que me pongo nerviosa. Sólo veo letras, se mueven los renglones y bailan. ¡Qué calor! Me miras, me sonríes. ¿Qué piensas? Trato de no hacer algún movimiento que ponga en evidencia mi torpeza, así que me limito a fingir que leo. 

Veo que te llama la atención mi manía de acomodarme el cabello sobre el hombro derecho y ladear la cabeza, es cuando me miras fijamente y a los escasos minutos te vas. Pongo a prueba mi teoría y acierto. 

Te esperas, sonríes y te levantas. Pasas a mi lado y rozas ligeramente mi hombro, siento un escalofrío. "Disculpa", dices. Me gusta tu voz. "No hay problema", respondo acompañando la frase con sonrisa de algodón de azúcar. Te detienes, me sonríes, me miras directamente a los ojos con la promesa de un después.

Y aquí estoy escribiéndole a un desconocido que  hace volar mi mente para dedicarle unas letras.

¿Qué pasará mañana? 







lunes, 26 de agosto de 2013

Ojos azules.

Meses sin verte y sin saber de ti.
Meses sin escuchar tu voz o tu nombre y sin embargo, 
cierro los ojos y recuerdo -algo raro en mí- el primer momento 
en que te vi y la sensación del primer beso y también el adiós
y tus gestos,
tu risa,
tu sonrisa,
tu amor,
tu mirada,
tu respiración...

Y hoy, un soplo de viento y el cielo despejado te trajeron hacia mí...

Quítame ese hombre

Es un reto abierto, directo: quítame ese hombre de la mente. 

Te diría que del corazón, pero ya no lo amo. 

Te cuento, mi vida. Durante tu ausencia, voluntaria, provocada, por descuido o tal vez por tener desde tiempo antes la seguridad total y absoluta de que todo de mi te pertenecía (menos mi cuerpo), decidiste (o eso pareció), darme un empujón al margen de tu vida y justo ahí, en esa línea, estaba "él" esperándome. 

No entraré en detalles que puedes imaginar. No puedo mentirte,  ni quiero hacerlo, nunca lo amé, ni siquiera estuve vagamente enamorada, pero si totalmente atraída. 

Un día dejé mi cerebro en la casa y cuando dijo mi nombre, mirándome con dulzura y una sonrisa tan alegre, me atonté. No negaré que me gustaría que hicieras lo mismo, pero dudo que sea tu "estilo" y sería caer en lo común. ("Comunízate" un poco y hazme babear un rato ¿no?. Es sugerencia).

Quítamelo de la mente, no es porque piense en él, sino por que de cuando en cuando, nos cruzamos en el camino inevitablemente  y dibuja su estúpida sonrisa matadora. Si, con la que caí rendida ante sus encantos. 

Te lo digo tal cual: quiero que seas mis ganas de no estar con alguien más. 






viernes, 16 de agosto de 2013

Jueves

Y aquí estás, sentado frente a mi después de ¿semanas?, ¿meses? No recuerdo. 

La semana pasada, también en jueves, me topé contigo de carro a carro. Tu me hablaste, cruzamos un par de palabras y las últimas tuyas fueron: "después te invito un café".

El jueves pasado fue extraño, así como tú y como diría la poetisa "Hoy han vuelto. Por todos los senderos de la noche han venido", los que alguna vez fueron mis amores. 

A las nueve de la mañana, recibí el primer mensaje y conforme transcurrió el día fueron llegando más, un par de llamadas e incluso un mail, apareciste tu también.

Venía de un miércoles con café, dos estrellas, pocas nubes, cielo abierto, besos y él.

No pude evitar aceptarte el café, ya que estoy sentada tomando uno. Este encuentro casual, aquí,  me lo impide. 

No escucho nada de lo que dices, sólo veo movimiento en tu boca. No la recordaba. Tienes labios delgados y una sonrisa traviesa permanente, alguna vez me besaste. El primer beso fue tierno y dulce, con sabor a inocencia. 

La barba de tres días se te ve bien, te matiza el aspecto aniñado que aún tienes y que se intensifica cuando sonríes. Tu sonrisa amplia, de dientes de comercial de pasta dental que derrite a cualquiera en su sano juicio.

Tienes ojos pequeños, amielados, con un brillo pícaro y coqueto que se iluminan cuando ríes y se dulcifican cuando me miras.

Se te ve lindo el cabello corto, más de lo habitual. Has ganado peso, pero te sienta bien, te da un aire más varonil. ¿Cuánto mides? Te veo más alto y enorme. ¿Será que usaba tacones o en verdad ya no recuerdo?

Alcanzo a distinguir vagamente un poco de tinta negra, el final del diseño de un tatuaje, no lo tenías.

Veo que ya te cuidas las manos, el cigarro se ve tan pequeño en ellas. Sigues teniendo buen gusto para vestir y eres todo un caballero. Te ves guapo y tienes cautivadas a las chicas de las mesas cercanas. ¿Eso pasaba antes? No lo sé. No lo noté nunca, era mi mundo contigo.

-¿Qué dices? -Pregunto parpadeando para cubrir mi distracción. - Si, aún tengo la misma manía de tomarme el cabello y acomodarlo del lado derecho y ladear la cabeza. (¿¡Cómo lo recuerdas!?). Si, aún cargo el mp3, sabes que no vivo sin música.

Después de seis años me entero que ya tenías el anillo de compromiso.

¿Qué pasó? Salía contigo. Salí contigo mucho tiempo. No formalizamos la relación. No pusimos nombre. Compartimos besos, caricias, tiempo, días, noches y algo más.

Nos distanciamos un tiempo, asuntos tuyos de trabajo y de tu segunda carrera, en ese tiempo, él apareció. Invadió de golpe mi mundo y se adueñó de el, no me dejó tiempo de pensarte y extrañarte.

Un día regresaste y estaban los dos en el mismo lugar. Yo ya tenía una relación con él. Recuerdo tu comentario cuando me viste: "Traigo puesta la camisa que te gusta". Me abrazaste y sin aviso previo, me besaste y tuve que decírtelo: me casaba y te enseñé el anillo en mi dedo anular. La conversación que siguió a eso no he podido olvidarla.

Hoy me preguntas: "¿Porqué te casaste con él?". Hoy te puedo dar la respuesta: estaba enamorada, pero no lo amaba, por eso me divorcié.

No sé que tan felices hubiéramos sido tu y yo juntos. 

¿Enamorada de ti? Si, lo estuve. ¿Intentarlo de nuevo? ¿Ahora? No, corazón.
Disculpa si no acepto tu propuesta, ni que me tomes la mano y menos tu acercamiento para besarme. De momento mi piel está electrificada por alguien más, aún tengo el sabor de su saliva en mi boca y la sensación de sus manos en mi cuerpo.

Si, puedo equivocarme de nuevo, lo sé, pero me arriesgo y lo sabes.

¿Si no es él? Te confesaré, corazón, hay alguien más, además de él, -que me espera y que tal vez desee que "él" no se decida realmente, para así, poder tener la oportunidad conmigo y podría considerarlo.

Gracias por el café, por tus comentarios, fue lindo verte de nuevo. Hasta el siguiente encuentro casual.


martes, 13 de agosto de 2013

Respondiendo...

En el momento que dijiste que revisara el correo, se me ocurrieron varias cosas, un capítulo nuevo de alguna de tus novelas o una completa, alguna foto tonta o la portada de un libro. Jamás imaginé lo que leería. 

¿Ocho horas? No sé si alguien alguna vez haya contado el tiempo desde la última vez que escuchó mi voz y más que eso sea razón para inquietarle el sueño. 

Te confieso, bombón, que para cuando leí eso, ya había nubes en mis ojos, mezclados con una sonrisa cuando mencionas mi anatomía. 

Se desató la tormenta cuando mencionas la palabra "celos". Celos de él, del tono de voz tan especial que uso cuando hablo de él (como en su momento lo hice de otros). Celos porque no hablo de ti de ese modo.

¿Cómo puedo hablar de ti? De la única forma que sé: con amor. A mi no me asusta que me digas "te amo", yo también te lo he dicho y escrito. Y sabes que es genuino. Eres uno de esos seres especiales en mi vida a los que amo profundamente y que si faltaras, sería como si se perdiera alguna parte de mi.

Me conoces. Me conoces mucho más que otras personas. Sabes como pienso y hasta podrías apostar (sabiendo que ganas) cuales serán mis reacciones y acciones ante distintas circunstancias. Has visto lo que él no. (Y no sé si lo verá). Me has visto llorar hasta desgarrarme el alma, sacar fuego por la boca cuando estoy "encabrinada", derramar miel hasta empalagar. Puedes decir lo caprichosa que soy y lo infantil que me pongo. Me has regañado, tal vez, menos ocasiones que yo a ti. Has escuchado mis necedades por horas y hemos tratado de ponerle un semi-orden al desorden que hay en mi interior. 

 Conoces mis desordenes mentales y eso hace que contigo pueda ser yo realmente. Soñadora, enamorada, malhablada, con la mezcla exacta de dama con guarra, descriptiva, explícita, alucinada, alucinante, distraída, melosa

Conoces algunos de mis secretos inconfesables y algunos otros "detalles". 

.¿Cuántas veces me has dicho "cabrona"? Menos de las que yo te he dicho con la risa atorada o a media carcajada "cabrón". Lo sé, con ésta línea, rompo el momento, pero también sabes que es parte de mi especialidad.

Eres de las contadas personas que han transitado por mi infierno, por esa parte oscura que no alcanza a tocar la luz, que conoce mi demonio y lo peligrosa que soy para mi.  

"Siguiendo tu voz es como he hallado el camino de regreso a la luz." ¿Qué puedo decir yo al respecto? Como si no supieras que eres mi oasis en medio del desierto y al lugar donde corro cuando las cosas no andan bien. Eres a la primera persona que busco. 

Gracias, por ser, por estar, por existir y por formar parte de mi mundo en rosa, con mariposas amarillas revoloteando, con deshoras y tiempo sin tiempo. 

De corazón, puño y tinta, mis letras, para ti.











domingo, 11 de agosto de 2013

Soundtrack


Todo lo que tienes que hacer es ponerte los audífonos  tirarte al suelo, y 

escuchar el CD de tu vida. 

Canción tras canción, no puedes saltarte ninguna, todas han pasado, y de 

una forma u otra servirán para seguir adelante. 

No te arrepientas, no te juzgues, sé quien eres. Y no hay nada mejor para 

el mundo. 

Pausa, rebobinar, play, y más y más aún. 

Nunca pares la música, no dejes  de descubrir sonidos para lograr 

explicar el caos que tienes dentro.

Y si te sale una lágrima cuando lo escuchas, no tengas miedo, es como la 

lágrima de un fan cuando escucha su canción preferida.

Inolvidable

Hace tiempo que no me acordaba de ti, ayer viniste a mi memoria por una conversación casual. Creo que te adorné de más y como suelo hacer, hasta cualidades que no tienes te inventé. 

No es falsa modestia, pero llegué a tus más de cuarenta a darle un soplo de energía, luz y color a tu existencia. A mover tu mundo y sacudirlo. A ser la sal y la pimienta de tu desabrida cotidianidad.

No negaré que te amé, pero con esa misma intensidad llegó la claridad mental para reaccionar y salir de tu vida. 

Lloré, si, pero no más que tú por mí, tesoro.

Si, fui lo mejor que te pasó en ese momento (y hasta ahora) y sé que no me olvidarás como algunos otros que aún me recuerdan. 

Las malas lenguas hablan, las buenas, me besan, Disculpa, sabes que me distraigo.

Dicen que regresaste a tu habitual tono gris y a tu rutina insípida, que el brillo que te di, se fue conmigo. Soy mi propia luz, sólo la comparto.

Sé que algo te dejé, además de detalles escarchados, letras y mi fantasma deambulando por tu casa. 

¿Qué? Recuerdos y lo que tu quieras, da igual ahora. 

¿Inolvidable? Si y lo sabes.



miércoles, 7 de agosto de 2013

Equivocada

Y así fue como un día mi piel me avisó: estaba enamorada.

¿Cómo? De la única forma que mi ser conoce: a lo Titanic. Hundiéndome y estrellándome sin hacer caso a la alerta.

Hoy sé en que momento fue. Me gustaría decir que fue a primera vista, palabra o contacto para que sea romanticismo puro, pero no. 

Ocurrió en el momento de mi primer sonrisa genuina, esa que se quedó dibujada horas después y que al recordarte aparecía de nuevo. 

Pasaron varios días con sus noches para que pudiera considerarte el dueño de las mariposas de mi estómago, más no de mi tinta. Cierro los ojos (o aún abiertos) y veo el instante preciso donde...no te diré.

El amor y el dinero no se ocultan. Y mi mundo notó los cambios en mí. No preguntaban la razón, era evidente. Preguntaban "¿Quién es él?" Mi respuesta: tu apodo. Si, como todos mis imborrables eternos, tienes uno. Tampoco lo sabrás.

Admito, digna y fuerte competencia fuiste para los que en aquel momento querían ser parte de mi vida y compartir mi miel y amor. Tres resultaron con el corazón roto, uno de ellos, ya no me habla. Sus palabras de despedida fueron: "espero que ese imbécil sepa y valore lo que me está quitando". (Nunca lo supiste y sigues sin saberlo)

No le quitaste, le robaste de un golpe lo que ya tenía. Pero ¿Qué más da? Ladrón que roba ladrón, tiene cien años de perdón.

Tuve que decir la verdad cuando preguntaban; era amor unilateral.

Yo sentía todo y tu...¿Tú?  Mostraste siempre una fría indiferencia.

Te cuento, mi vida,  amigos/as, gente que me conoce de años y sabe quien y como soy, apostaron a favor de esta orate que se desliza en azul. 

Creían que en algún momento "caerías rendido ante mis encantos", que te enamorarías de mí y de la forma tan...mía de ver la vida o de mis letras al leerte en ellas. Que eras lo suficientemente inteligente para valorarme y saber lo que tenías en tus manos. 

 Y perdí. O gané, según lo veas. 

Ah, no te "preocupes", nadie sabe quien eres ni como te llamas.

Me duele profundamente saber que pudiste ser inmune a mi amor. Puedo imaginar o suponer razones, pero no, solo tengo una y con esa basta (y sobra) para invitarte a vivir en mi prosa y terminar el cuento para darle la bienvenida a la realidad. 

Si, hiciste de mi lo que quisiste. Estaba total y completamente perdida por ti.  Yo lo permití y no me arrepiento.

Tomé la decisión y dolió tanto al principio, que pensé que me fragmentaba y que no podría unir las piezas de nuevo. 

Cuando en esos momentos de tristeza infinita mis ojos llovieron, al final resultó que dieron vida a los girasoles que hay en mi piel al caer sobre ellos las gotas.

No, mi amor, no me hiciste triste. Me llegué a sentir así, pero al contrario, mi ser sentía una enorme felicidad a tu lado.

Estuve equivocada, (me lo dijeron y no quise verlo) pensé que algún día me amarías.






sábado, 3 de agosto de 2013