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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Quisiera.



Quisiera estar contigo cuando digas mi nombre
en el justo instante en que la soledad
haga reaccionar a tu corazón
y con certeza se decida
a arriesgar todo por eso que sientes.

viernes, 6 de septiembre de 2013

¿En qué sueñas?

¿En qué sueñas, amor? ¿Qué inquieta tu sueño?

¿Acaso cazas dragones o te persigue un dinosaurio? ¿Estás en el planeta de helados y no te decides por algún sabor? ¿Estás en el mundo de números pidiéndole al dos que te enseñe cuanto suma si le agregas un tres? ¿Estás corriendo un auto de carreras y todos se emocionan al verte?

¿Estás viviendo en el libro que te leí antes de dormir y platicas con el señor Morris Lessmore y vuelas con sus fantásticos libros voladores?

¿Eres un príncipe rescatando a una princesa o un astronauta en la luna? ¿Eres el afamado pintor que decoró su puerta con una carita feliz y estás recibiendo un premio?

¿Acaso corres atrás de las mariposas que llamas mías, queriendo atraparlas para que siempre me acompañen?

Mi imaginación no llega hasta donde llega la tuya. Casi las tres de la mañana y estás en un mundo donde no puedo entrar, sólo espero que esté lleno de color, de magia, de musica, de hermosas sensaciones que son las que hacen que hables dormido y rías, que se queden en tu piel, para que cuando despiertes te regalen un día repleto de emociones por descubrir.

Polvo de hadas en tus pestañas, linda madrugada y maravilloso despertar, mi pequeño guerrero de luz.

No sé.

No sé si te encuentres leyendo esto, no sé si te aburriste con tan solo leer mi nombre.

Puedo imaginar cuantas caras debes estar haciendo, pero sólo quedará en mi imaginación.

No sé quién es más necio de los dos, si tú por no entender que daría todo por estar contigo o yo, por no entender que no planeas un futuro conmigo. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

¡Se te olvidó!

Tal vez no te percataste que atrás de mi sonrisa constante -casi permanente-, de mis risas (o carcajadas) por cualquier cosa simple y más aún cuando realmente tiene gracia la situación, de mis comentarios inoportunos pero atinados, mi forma musical de hablar o las "ternuradas" que destila mi voz cuando abro la boca, había algo más.

Tal vez no notaste que detrás de los detalles escarchados, buscados siempre a punto, a horas y a deshoras, con o sin motivo, o simplemente a mi lógica "sólo por que si", había algo más. 

Tal vez se te pasó de largo observar que detrás del cerebro que se pierde del mundo cuando se pone a leer y viaja hacia otras vidas que no son suyas, que procesa mil ideas de todo tipo por minuto, incluso las más absurdas, que tiene un cúmulo de datos inútiles que sirven para adornar anécdotas, había algo más.

Tal vez te pareció común saber que me desdoblo en letras y me deslizo en azul, que puedo plasmar mi sentimientos en tinta y que aún así, hay cosas que no están escritas, pero en lo escrito, estás en las líneas de mi prosa -sé que lo sabes- y con todo, no viste que detrás, había algo más.

Tal vez te acostumbraste tanto a la miel que derramo, que no tomaste en cuenta que detrás de esa forma tan particular que tengo de tratar al mundo que me rodea, amorosa y tiernamente, donde todo es inclusivo, donde la música me mueve, donde "mis" mariposas vuelan y revolotean, donde me involucro "casualmente" con las personas que se relacionan conmigo, aunque sea por breves momentos, había algo más.

Tal vez no percibiste que detrás de la mujer extrovertida, honesta, sincera, que no tiene miedo de expresar abiertamente sus sentimientos y mostrar una gama de emociones en la mirada, que vibra, suspira y se estremece, que decidió participar en tu juego un tanto cruel y del cual aún no entiendo las reglas, pero que servirá para reafirmar tu ego (¡qué patético y absurdo!), cuyo vehículo físico te puede parecer deseable, había algo más.

Se te olvidó que detrás de todo eso y mucho más que conoces, hay un ser humano que siente, que llueve, que se enoja, que grita, que le duelen las fibras del alma cuando no las tocan con cuidado, que aunque el mundo se le venga encima y parezca derrumbarse, le pondrá una sonrisa soleada al día nublado, que le gusta cuidar sentires, que se siente lastimado cuando ve que su amor es unilateral y no recibe la mínima correspondencia a cambio, que se desprende de partes del rompecabezas que forman su ser, para dejar una pieza en cada persona que conoce y recoger una pieza del suyo para ser yo, más grande. 

Se te olvidó ponerme atención, te encerraste en un frasco de egoísmo donde sólo tu importas, donde yo soy un adorno y un trofeo más a tu colección, donde estás en una zona de confort porque mi "melosidad" te cubre, porque mi paciencia es mucha, porque mi tolerancia es grande y mi amor por ti, infinito.

Pude perdonarte muchas cosas, tu falta de sensibilidad, de empatía, tu deshonestidad, tu miedo a abrirte conmigo, tu malicia premeditada, lo no cumplido, mis letras sin respuestas, tu arranque de victimismo, tu carácter cambiante y explosivo, el no darle el justo valor a la mujer que soy y hacerme sentir poco menos que ordinaria, el que con un par de palabras tiraras mi amor a la basura, importándote muy poco lo que yo sentí en ese momento,  podría perdonarte mucho más, hasta el hecho de que no me ames. 

Lo que en este momento no te perdono y es mi puerta de salida, es que por unos instantes viste mi momento de debilidad, me estaba quebrando delante de ti y que no tuvieras ni siquiera la intención, de abrazarme. 





sábado, 31 de agosto de 2013

Suerte...

Tal vez no creas en la suerte, azar o llámale 
casualidad, yo si. 

Y es una suerte tenerme. Espero que la tormenta despeje mis pensamientos y limpie mi mente, que borre las imágenes. 

Yo soy jugadora, sé ganar, sé perder y sé 

retirarme con mis ganancias a tiempo. 

Dobla tu apuesta conmigo y juega tus últimas 

cartas, tal vez en un golpe de suerte, ganes.






Me voy...

Me voy con el frío de la madrugada, con mi amor amando a destiempo, con mis sueños rotos que no compartí, con la tinta azul que escribí para ti, con mis mariposas, con los pájaros que liberaban mis manos, con las caricias y besos que no te di, con mis ganas locas de vivir.

Te dejo mi recuerdo, puedes hacer lo que quieras con el.


jueves, 29 de agosto de 2013

Mañana

Viernes. Estoy en el mismo café de todos los días -el de la sirena- en la mesa de siempre, con algunos de los clientes habituales, leyendo. Tengo el celular en la mesa, espero tu llamada, mi vida,  para ir a tu encuentro.

Siento que me observan, levanto los ojos del libro y me encuentro con una mirada de ojos castaños que sostiene la mía por breves instantes. Me distraigo un poco al sentirme observada.

No lo había visto antes aquí, no es "parroquiano". Está acompañado. ¿Quién es ella que no logra captar tu atención y la desvías hacia una desconocida a un par de mesas? Se te nota aburrido, como si tuvieras que estar ahí. Veo que asientes y contestas con monosílabos. 

¿Porqué te miro de reojo? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? Ya pasé cinco páginas y no asimilé nada, diantres. Tengo que leer de nuevo. No puedo mirarte a detalle, ya que dejaste de voltear cuando te diste cuenta que te noté. 

Suena el móvil. Contesto y sé que me tengo que ir en ese momento. Son veinte minutos de los que dispongo, pero no puedo moverme. Me quedo en estado contemplativo mirando a un desconocido acompañado que me miraba.

Cierro el libro, es inútil, no puedo concentrarme. Busco el mp3 y me dispongo a salir. Quince minutos me perdí en la nada y sé que llegaré tarde. Una última mirada cruzada con un extraño.

Lunes. Mismo café, casi misma hora. Abro la puerta y lo veo. Te veo. Miras el reloj de pulsera, se ve elegante. Muerdes la pajilla y disimulas una sonrisa. Estás solo. Atrás de mi, aparece mi amiga. Veo seriedad en tu cara. ¿Te incomodó que llegara acompañada? Me miras insistentemente. ¿Qué café tomas? Aprovecho que bajas la mirada para mirarte.

Diez minutos más y te vas. Dejas el café intacto. Eres alto, piel blanca, cabello oscuro, medio rizado, corto, bien parecido, manos delgadas. ¿En qué trabajas? ¿Cuántos años tienes? La ropa te da cierto aire formal y te aumenta algunos años. Pantalón de vestir negro, mocasines negros, camisa azul con un bolígrafo metálico prendido en el bolsillo. 

Martes. Mismo café, un poco más tarde de la hora habitual. Te veo a través del cristal mientras toman mi orden. Estás más cerca de "mi mesa". Tamborileas los dedos en la mesa. Abro la puerta, miras el reloj, te muerdes los labios para esconder una sonrisa. Estás solo de nuevo. Tomas el bolígrafo entre tus manos. ¿De qué color es tu tinta? ¿Escribes o firmas documentos? No veo algún celular o un libro, ni lap top, ni portafolio. No pruebas el café. Me inquietas. 

Diez minutos más y te levantas. Dejas el café de nuevo para novedad de las chicas que se sientan ahí y le toman fotos como si fuera un meteorito recién estrellado en la tierra. 

Miércoles. Mi rutina. Ahí estás de nuevo. Más casual, jeans, camisa a cuadros blancos con azul, el bolígrafo...Mont Blanc, estoy segura que es pluma fuente. 

¿Qué música escuchas? ¿Te gusta leer? ¿Realmente te gusta el café? Por que lo dejas completamente intacto y en la mesa. Me miras, me sonrojo. Noto que me pongo nerviosa. Sólo veo letras, se mueven los renglones y bailan. ¡Qué calor! Me miras, me sonríes. ¿Qué piensas? Trato de no hacer algún movimiento que ponga en evidencia mi torpeza, así que me limito a fingir que leo. 

Veo que te llama la atención mi manía de acomodarme el cabello sobre el hombro derecho y ladear la cabeza, es cuando me miras fijamente y a los escasos minutos te vas. Pongo a prueba mi teoría y acierto. 

Te esperas, sonríes y te levantas. Pasas a mi lado y rozas ligeramente mi hombro, siento un escalofrío. "Disculpa", dices. Me gusta tu voz. "No hay problema", respondo acompañando la frase con sonrisa de algodón de azúcar. Te detienes, me sonríes, me miras directamente a los ojos con la promesa de un después.

Y aquí estoy escribiéndole a un desconocido que  hace volar mi mente para dedicarle unas letras.

¿Qué pasará mañana?