viernes, 20 de diciembre de 2013

¡Qué triste!

Si, de verdad qué triste.

En tres meses (o más para la fecha que esto sea publicado) no has tenido tiempo para invitarme un café o cuando menos para sentarte a platicar. Cierto, se me olvida que soy lo último en tu lista de "cosas" pendientes. Ahora que recuerdo, si tienes tiempo para ti y para los asuntos que realmente te son importantes, (prioritarios, me dijiste groseramente) para andar lejos de tus rumbos e investigar eventos extraños, para compartir tu tiempo con alguien más, para escribirle a otras personas, para comerte un pastel con un amigo y no dudaría que para ir al lugar donde yo quería ir contigo.

Qué triste que no tengas tiempo (y ganas o voluntad, aunque viniendo de mi, puedes esperar cualquier otra palabra menos esas) para cumplir tu(s) palabra(s). En realidad si tienes, el asunto, es que no tienes tiempo para mi.

Podría divagar o debrayar en mil motivos y tejerme telarañas mentales, pero es muy ordinario y no es mi estilo, pero soy cuenta cuentos, así que deja invento al menos uno (no del todo de mi imaginación, sino la de alguien más que lo supuso). 

Un buen día decidiste que yo sería una más en tu lista de múltiples conquistas, que me pondrías después en una cajita con un letrero de "prohibido tocar", que sería la de turno mientras conocías a cualquier otra ingenua que caería rendida ante tus encantos y llenaría tus tiempos vacíos o sentiste el maravilloso llamado del amor con su dosis de arrepentimiento por tu especial ex-novia "así como tu", dijiste y corriste a sus brazos. 

Qué triste, de verdad, que en tanto tiempo no hayas tenido siquiera cuarenta pesos para pagar un café o la humildad para derrotar a tu ego y aceptar mi invitación, cuando sabías que realmente era un placer para mi hacerlo ya que tuve un mes de café gratis y otras tantas monerías, como cine, teatro, restaurantes y demás. 

Qué triste, que sabiendo al momento exacto de los hechos la situación por la que estaba pasando, en tres ocasiones, no tuviste ni siquiera una pizca de empatía en tu ser, de solidaridad o siquiera de amistad, por que la palabra cariño te suena muy grande, decir amor, es hablarte en un idioma desconocido. 

Qué triste, de verdad, qué triste, que conociendo a la mujer que soy me trataras de la forma tan cruel, reprobable, con patanerías, alegando un pasado de una vida anterior para justificar tus groserías: "porque así era lo normal". 

Qué triste que jamás llegaran las supuestas líneas que escribiste para mi, claro, tienes otras prioridades (chasquido de dedos para reforzar la idea) antes que éste girasol que apostó todo a tu favor, cuando su mundo le decía que era la peor tontería que haría y que esa oscuridad no merecía mi luz y mucho menos mi amor inmenso e incondicional. Agradece a mi mente dispersa y distraída que no pusiera atención cuando a gritos me decían: no merece a una mujer como tu. Creo que las mariposas somos sordas o despistadas, no escuché o no quise hacerlo. 

Qué triste que me mintieras y endulzaras los oídos y los ojos y sacaras partido de mi capacidad de ensoñar y me ilusionaras, sabiendo que no harías algo por cumplir lo que decías. Qué poc...

Qué triste que no valores el amor que te di y el que me faltó por darte, los detalles, el tiempo, la intención de hacerte la vida más fácil y llevadera con mi simpleza, el haber rechazado la opción gratuita de darte el masaje, (que tengo el diplomado) y que a diferencia de cualquier otra persona, mi "plus" era eso: amor. 

Qué triste, que si te quito todo el encanto con el que te plasmé una y otra vez, todas esas cualidades idealizadas, esa pasión imaginada, esa inteligencia admirable, ese cuerpo tan deseable dueño de una integridad intachable, ese ser maravilloso que despertaba sensaciones en mi jamás antes sentidas por alguien, ese hombre convertido en dios e inmortalizado en azul, no queda más que un simple mortal que jugó con mis sentimientos, abiertamente demostrados hacia él, que me vio la cara de estúpida hasta que ya no pudo seguir mintiendo y cobardemente se alejó oculto en el silencio y se fue sin avisar. 

Qué triste que dentro de lo soñadora, loca y enamorada que estoy de la vida, del amor, del mundo que me rodea, de mis letras  y de letras ajenas, no sea capaz de inventarme la fantasía de una historia telenovelera. Si no escribes, no hablas, no apareces; es simple y sencillamente porque no quieres. Punto.