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martes, 30 de agosto de 2016

3 de agosto 2016


Querido puntito azul:

Desde la mujer que soy te escribo. 

Con toda la inspiración que por años me ha regalado tu recuerdo pero tengo que dejarte ir. Tengo que soltarte. 

Tendré que buscar entre mis imborrables eternos otro muso y perfeccionarlo, como a ti, a base de letras y suspiros. 

Podría ser aquél de manos grandes y delgadas (jamás tan hermosas como las tuyas, lo admito), aquél otro de ojos oscuros, aquél cuya voz me cautiva o aquél que me mira y me hace imaginar un futuro a su lado y siento como me derrito. 

Tengo que confesarte que inconscientemente te busqué en otros seres, no lo percibí hasta que tuve a alguien delante de mí, con características físicas similares a las tuyas: estatura, manos, cabello. Y la persona que estuvo antes que él, también cumplía esos requisitos. Aunque, a diferencia de ti, prometieron letras para mi que nunca llegaron y tú, me las regalaste tantas veces sin prometerlas. 

Te desdoblaste de mis letras adolescentes y fuiste real. Tan bellamente imperfecto. 

Eres mi amor amando a destiempo, mi sueño hecho realidad, mi hombre perfecto. Eres tú. 

Me sabes a hielo, hueles a tierra mojada, me vibras con música y me dueles en silencio. 

Gracias por las seis letras de tu nombre que no pronuncio aunque me quemen los labios. 

Gracias por haberte escrito en mi historia y por tu falta de valor, por tus verdades, por tus mentiras y por ocultarme tantas cosas. 

Me despido, nene, con toda mi nostalgia amarilla, a media noche, de la misma forma en que entré a tu vida: con un nudo en la garganta. 

Que la luna te ilumine en las noches, las mariposas acompañen tu camino y que el amor guíe cada uno de tus pasos en esta aventura maravillosa que se llama vida. 

Por última vez: nite nite!! 

Aquí estuve para ti. 

Escarchadamente,

Escarcha.