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miércoles, 30 de octubre de 2013

Misiva

Perdóname, amor, si ahora me alejo. 

Te esperé tanto tiempo, meses de espera en la nada, con la interrogante viva de ¿cuando?, esperé a que desearas besarme de nuevo, que quisieras tomarme en tus brazos, que desearas tenerme contigo, que llamaras una madrugada, que me llenaras de caricias, que fueras cotidiano, que dejaras de lado tu ego, que fluyeras conmigo, que reclamaras mi cuerpo como si fuera tuyo, que dejaras de jugar con mi amor. 


Esperé -tontamente- que me dijeras que me extrañas, que te hacían falta mis letras por las mañanas o en las madrugadas, que tuvieras un detalle conmigo o que me dieras sinceramente las gracias por los que tuve contigo pensados y planeados con tanto amor para ti, esperaba un mínimo gesto humano, que dejara ver a la persona observadora y sensible que eres. 


Me quedé esperando tus letras, esas que tanto mencionabas y decías tener ya escritas para mi. Hoy dudo de que sea cierto, de que seas capaz de escribir-me y de que realmente escribas esas seductoras letras que enamoran a tus lectoras. Tal vez solamente le escribes a lo que realmente te importa y dentro de esa lista, ni siquiera aparezco. ¿Cómo dijiste aquella tarde? Algo así como que tienes prioridades...dejando claro, que yo no aporto nada a tu vida. 


Perdóname, mi vida, por la necedad de quedarme donde no era requerida, solamente que yo te creí. Creí todo lo que habías dicho antes y creí también que sucedería. 



Hoy, dolorosamente entiendo que no estarás para mi, que poco te importa lo que siento y disfrutas decir y hacer cosas que sabes que me duelen, ¡qué cruel eres! 


Deseo para ti, como lo haré siempre, claridad en las decisiones que tomes, luz en tu camino, tiempo para ti, (dudo que no lo tengas, solo no quisiste compartirlo conmigo), deseos realizados, momentos felices y amor en cada uno de tus días.