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sábado, 20 de julio de 2013

Hubiera jurado.

Y así, simplemente lo creí. 

De pronto noté  que aparecían sonrisas sin el permiso de mis labios, que burbujeaba dentro de mi algo que me producía un cosquilleo que hacía temblar mi cuerpo y cada célula de él, respondía solamente con ver el tuyo y transpiraba, brillaba. mi mirada se iluminaba contigo.

Cada momento que pasé a tu lado y los que de alguna forma, no física, no verbal pero escrita que tuve contigo, me hicieron inmensamente feliz. 

He de confesar que no faltó quien dijera que buscaba un príncipe azul, pero que no tenías nada de eso, sólo la "p", de pendejo, por no darte cuenta o no querer hacerlo, de la persona que tenías delante de tus ojos y que (agradezco desde el fondo de mi los comentarios tan hermosos que me han hecho) podría llenar de tu vida de magia y de amor, endulzando con miel tus peores instantes. 

Es difícil responder a la trillada pregunta "¿Qué le ves?" y ser objetiva cuando cada uno de tus sentidos se dispara con la sola presencia (y se aturden con la primera palabra). 

¿Que te adorné mucho? ¿Que te idealicé? ¿Que cualquiera que lea las muchas letras que escribí para ti, te imaginaría perfecto? ¿Que me sobrepasé al describirte en "Hombre de fuego"? (Eso opinan los que te conocen). 

No. Esa es la respuesta.

Aclaro, eres perfecto (y perfectible) para mi. Para lo que yo quiero, para mis intereses, para mi amor, no para los demás. Así tal cual, con tus defectos visibles y las virtudes que escondes y que salen cuando te descuidas. 

Un día, simplemente, "apareciste". Me despertaste de mi ensueño diciendo algo, no sé qué, no lo recuerdo, pero sé que un parpadeo todo cambió, estabas ahí.

Y desde ese momento, todo cambió, para mi, aclaro. Tanta similitud y sincronía no es casualidad, es una causalidad que aún no entiendo el porqué, si no eres para mi. 

Pretextos, razones, motivos, ella, fantasmas, miedos, ego...fue lo que decidiste interponer entre tu y yo.  No amé a un héroe de cuento, sino a un hombre de carne y verso, mismo que no pudo o no quiso amarme, sabiendo que me hubiera quedado con él, en las buenas y en las malas, hasta el fin, incondicionalmente. 

Si, lo sabes a la perfección. Mi tinta azul, mis detalles escarchados, mis comentarios estúpidos y sin sentido, mi mirada perdida en la tuya, las mariposas amarillas que salen de mi y revolotean alrededor y te siguen cuando te alejas, el estremecimiento de mi cuerpo cuando me tocas o los escalofríos cuando ligeramente me rozas, te lo han dicho a gritos.

Me sobran motivos para decir por qué me quedaría a tu lado, pero puedo empezar por amor y terminar con "coincidencia" o viceversa.

Hubieras podido ser mi ancla y tú sabes porqué. ¡Qué triste! Hubiera jurado que eras para mi...