jueves, 12 de enero de 2017

Si te interesa

No soy la chica dark o gótica que sería feliz en un concierto de rock, ni de metal. No me visto completamente de negro ni tendré el valor de hacerme una perforación, no me pondré botas de plataforma ni me pintaré las uñas de negro, tampoco un maquillaje así. No soy fanática del cine gore y digiero a veces las películas de horror, pero no entraré a una casa de los sustos ni festival del estilo. No veo The Walking Dead ni me apasionan los zombies. Por otro lado, soy amante hasta el embrutecimiento de la tinta en la piel y en mis planes está hacerme un tatuaje, ahí, donde la espalda pierde su nombre.

No soy fanática de Star Wars y sería una prueba de amor que viera una película de la saga y lo haría con todo el amor del mundo.

Tengo una vaga idea de los comics, súper héroes y dibujos animados. No soy muy amiga de la televisión, así que estoy en desventaja total. No tengo conocimiento de serie alguna, telenovelas, programas unitarios o cualquier cosa que pase por la pantalla chica. Sin embargo, soy cinéfila y veo casi en su totalidad lo que hay en cartelera. No soy crítica de cine ni  ubicaré siempre directores y sus películas, solamente disfruto del placer de ver historias en pantalla grande. 

Tal vez no congenie con tus gustos musicales, tengo una selecta lista aprendida de mis imborrables eternos que me dieron serenata con The Smashing Pumkins, Depeche Mode, Scorpions y Pink Floyd, me robaron un suspiro con Pearl Jam, una lágrima con Bon Jovi, una sonrisa con Guns and Roses, entre algunas otras exquisiteces.

Crecí con música norteña, con éxitos de los ochenta, con salsa, cumbia, sertaneja y samba, con boleros y baladas, aunque me incliné por la trova y música de autor. Cabe mencionar que en una etapa de mi vida me empaparon de pop.

Ya no soy la reina de los trajes sastre, medias y tacones con bolsas carísimas y a juego, pero siempre trato de tener un buen manicure y estar presentable. Ya me doy el permiso de ser casual y relajada

No soy muñequita de aparador ni poser, tampoco fashionista. Ya no soy la intelectual que buscaba hombres sumamente letrados que me impresionaran con su plática, que conocieran mundo y me llenaran la mente. Tampoco aquella que moría por los que usaban traje y corbata con mancuernillas. Ni la que degustaba una copa de cognac con un puro de vainilla mientras cruzaba la 'pierna y observaba callada como buena escucha, avivando más aún el misterio que hay detrás de las letras.

No soy la damisela en apuros ni la dama de las camelias, es más sencillo que te escriba o te llame pare decirte que quiero verte o que muero por besarte lentamente, a que lo haga para pedirte que me rescates de algún accidente vial o por que me siento triste.

Alguna vez fui la princesa caramelo y era todo un derroche de ternura y derramaba miel sobre cualquier hojuela, buñuelo o incluso papa frita que pasaba al frente. Aplicaba fielmente el slogan de mi -aún- perfume favorito Anaïs Anaïs de Cacharel "Algún día la ternura moverá al mundo". Vivía por amor al detalle y decía palabras dulces.

No soy ama de casa ni pretendo serlo. Admiro realmente a quienes tienen ese talento de cocinar, bordar, tejer y esa dedicación para estar en su hogar. Planchar y marcar la raya tiene su gracia. Esos talentos no me fueron dados al nacer por las tres hadas. 

Tampoco soy la mujer que vestirá de forma llamativa y provocadora, con la cual despertaras envidia a tu paso por el par de piernas en minifalda o pantalón entallado, mucho menor por un escote. Soy demasiado friolenta para eso. 

Hoy, te cuento un poco de mi, de lo que no soy,  no de mis musos o de historias de amor y desamor, dónde por cierto, apareces en ellas, en un mar de letras. Soy la mujer que escribe y que expresa en su totalidad lo que siente a través de su tinta. Son innumerables ya las ocasiones donde al plasmarme la inspiración va acompañada de llanto, pero escribo desde esas fibras sensibles de mi ser que ya se dan la libertad de llover cuando algo las toca:  un detalle inesperado, una película, un libro y por lógica, cuando algo me duele.

Haciendo uso de mi cualidad-defecto: soy honesta. Tengo que confesar que tengo que vencer todas mis resistencias para mandar un mensaje y más aún si en su contenido va alguna palabra cariñosa. Si me interesas haré torpes intentos por tener una conversación contigo, con cosas triviales que lentamente derrumben mis murallas tan bien levantadas. Si en alguno de esos intentos ya no recibo respuesta, lo entiendo, darling, me desaparezco en la niebla. 

Todo indica que mi muso no es mi lector y en este caso, dudo que seas la excepción. 

No te contaré de mis pasiones, ni mis perversiones, ni detalles que se conocen con la cotidianidad. 

Dejaré que los descubras. 

Si te interesa.