viernes, 16 de agosto de 2013

Jueves

Y aquí estás, sentado frente a mi después de ¿semanas?, ¿meses? No recuerdo. 

La semana pasada, también en jueves, me topé contigo de carro a carro. Tu me hablaste, cruzamos un par de palabras y las últimas tuyas fueron: "después te invito un café".

El jueves pasado fue extraño, así como tú y como diría la poetisa "Hoy han vuelto. Por todos los senderos de la noche han venido", los que alguna vez fueron mis amores. 

A las nueve de la mañana, recibí el primer mensaje y conforme transcurrió el día fueron llegando más, un par de llamadas e incluso un mail, apareciste tu también.

Venía de un miércoles con café, dos estrellas, pocas nubes, cielo abierto, besos y él.

No pude evitar aceptarte el café, ya que estoy sentada tomando uno. Este encuentro casual, aquí,  me lo impide. 

No escucho nada de lo que dices, sólo veo movimiento en tu boca. No la recordaba. Tienes labios delgados y una sonrisa traviesa permanente, alguna vez me besaste. El primer beso fue tierno y dulce, con sabor a inocencia. 

La barba de tres días se te ve bien, te matiza el aspecto aniñado que aún tienes y que se intensifica cuando sonríes. Tu sonrisa amplia, de dientes de comercial de pasta dental que derrite a cualquiera en su sano juicio.

Tienes ojos pequeños, amielados, con un brillo pícaro y coqueto que se iluminan cuando ríes y se dulcifican cuando me miras.

Se te ve lindo el cabello corto, más de lo habitual. Has ganado peso, pero te sienta bien, te da un aire más varonil. ¿Cuánto mides? Te veo más alto y enorme. ¿Será que usaba tacones o en verdad ya no recuerdo?

Alcanzo a distinguir vagamente un poco de tinta negra, el final del diseño de un tatuaje, no lo tenías.

Veo que ya te cuidas las manos, el cigarro se ve tan pequeño en ellas. Sigues teniendo buen gusto para vestir y eres todo un caballero. Te ves guapo y tienes cautivadas a las chicas de las mesas cercanas. ¿Eso pasaba antes? No lo sé. No lo noté nunca, era mi mundo contigo.

-¿Qué dices? -Pregunto parpadeando para cubrir mi distracción. - Si, aún tengo la misma manía de tomarme el cabello y acomodarlo del lado derecho y ladear la cabeza. (¿¡Cómo lo recuerdas!?). Si, aún cargo el mp3, sabes que no vivo sin música.

Después de seis años me entero que ya tenías el anillo de compromiso.

¿Qué pasó? Salía contigo. Salí contigo mucho tiempo. No formalizamos la relación. No pusimos nombre. Compartimos besos, caricias, tiempo, días, noches y algo más.

Nos distanciamos un tiempo, asuntos tuyos de trabajo y de tu segunda carrera, en ese tiempo, él apareció. Invadió de golpe mi mundo y se adueñó de el, no me dejó tiempo de pensarte y extrañarte.

Un día regresaste y estaban los dos en el mismo lugar. Yo ya tenía una relación con él. Recuerdo tu comentario cuando me viste: "Traigo puesta la camisa que te gusta". Me abrazaste y sin aviso previo, me besaste y tuve que decírtelo: me casaba y te enseñé el anillo en mi dedo anular. La conversación que siguió a eso no he podido olvidarla.

Hoy me preguntas: "¿Porqué te casaste con él?". Hoy te puedo dar la respuesta: estaba enamorada, pero no lo amaba, por eso me divorcié.

No sé que tan felices hubiéramos sido tu y yo juntos. 

¿Enamorada de ti? Si, lo estuve. ¿Intentarlo de nuevo? ¿Ahora? No, corazón.
Disculpa si no acepto tu propuesta, ni que me tomes la mano y menos tu acercamiento para besarme. De momento mi piel está electrificada por alguien más, aún tengo el sabor de su saliva en mi boca y la sensación de sus manos en mi cuerpo.

Si, puedo equivocarme de nuevo, lo sé, pero me arriesgo y lo sabes.

¿Si no es él? Te confesaré, corazón, hay alguien más, además de él, -que me espera y que tal vez desee que "él" no se decida realmente, para así, poder tener la oportunidad conmigo y podría considerarlo.

Gracias por el café, por tus comentarios, fue lindo verte de nuevo. Hasta el siguiente encuentro casual.