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jueves, 29 de agosto de 2013

Mañana

Viernes. Estoy en el mismo café de todos los días -el de la sirena- en la mesa de siempre, con algunos de los clientes habituales, leyendo. Tengo el celular en la mesa, espero tu llamada, mi vida,  para ir a tu encuentro.

Siento que me observan, levanto los ojos del libro y me encuentro con una mirada de ojos castaños que sostiene la mía por breves instantes. Me distraigo un poco al sentirme observada.

No lo había visto antes aquí, no es "parroquiano". Está acompañado. ¿Quién es ella que no logra captar tu atención y la desvías hacia una desconocida a un par de mesas? Se te nota aburrido, como si tuvieras que estar ahí. Veo que asientes y contestas con monosílabos. 

¿Porqué te miro de reojo? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? Ya pasé cinco páginas y no asimilé nada, diantres. Tengo que leer de nuevo. No puedo mirarte a detalle, ya que dejaste de voltear cuando te diste cuenta que te noté. 

Suena el móvil. Contesto y sé que me tengo que ir en ese momento. Son veinte minutos de los que dispongo, pero no puedo moverme. Me quedo en estado contemplativo mirando a un desconocido acompañado que me miraba.

Cierro el libro, es inútil, no puedo concentrarme. Busco el mp3 y me dispongo a salir. Quince minutos me perdí en la nada y sé que llegaré tarde. Una última mirada cruzada con un extraño.

Lunes. Mismo café, casi misma hora. Abro la puerta y lo veo. Te veo. Miras el reloj de pulsera, se ve elegante. Muerdes la pajilla y disimulas una sonrisa. Estás solo. Atrás de mi, aparece mi amiga. Veo seriedad en tu cara. ¿Te incomodó que llegara acompañada? Me miras insistentemente. ¿Qué café tomas? Aprovecho que bajas la mirada para mirarte.

Diez minutos más y te vas. Dejas el café intacto. Eres alto, piel blanca, cabello oscuro, medio rizado, corto, bien parecido, manos delgadas. ¿En qué trabajas? ¿Cuántos años tienes? La ropa te da cierto aire formal y te aumenta algunos años. Pantalón de vestir negro, mocasines negros, camisa azul con un bolígrafo metálico prendido en el bolsillo. 

Martes. Mismo café, un poco más tarde de la hora habitual. Te veo a través del cristal mientras toman mi orden. Estás más cerca de "mi mesa". Tamborileas los dedos en la mesa. Abro la puerta, miras el reloj, te muerdes los labios para esconder una sonrisa. Estás solo de nuevo. Tomas el bolígrafo entre tus manos. ¿De qué color es tu tinta? ¿Escribes o firmas documentos? No veo algún celular o un libro, ni lap top, ni portafolio. No pruebas el café. Me inquietas. 

Diez minutos más y te levantas. Dejas el café de nuevo para novedad de las chicas que se sientan ahí y le toman fotos como si fuera un meteorito recién estrellado en la tierra. 

Miércoles. Mi rutina. Ahí estás de nuevo. Más casual, jeans, camisa a cuadros blancos con azul, el bolígrafo...Mont Blanc, estoy segura que es pluma fuente. 

¿Qué música escuchas? ¿Te gusta leer? ¿Realmente te gusta el café? Por que lo dejas completamente intacto y en la mesa. Me miras, me sonrojo. Noto que me pongo nerviosa. Sólo veo letras, se mueven los renglones y bailan. ¡Qué calor! Me miras, me sonríes. ¿Qué piensas? Trato de no hacer algún movimiento que ponga en evidencia mi torpeza, así que me limito a fingir que leo. 

Veo que te llama la atención mi manía de acomodarme el cabello sobre el hombro derecho y ladear la cabeza, es cuando me miras fijamente y a los escasos minutos te vas. Pongo a prueba mi teoría y acierto. 

Te esperas, sonríes y te levantas. Pasas a mi lado y rozas ligeramente mi hombro, siento un escalofrío. "Disculpa", dices. Me gusta tu voz. "No hay problema", respondo acompañando la frase con sonrisa de algodón de azúcar. Te detienes, me sonríes, me miras directamente a los ojos con la promesa de un después.

Y aquí estoy escribiéndole a un desconocido que  hace volar mi mente para dedicarle unas letras.

¿Qué pasará mañana?