martes, 11 de junio de 2013

¿Qué puedes decir?


Déjame imaginar una escena. ¿Qué dirías de mi? Que una noche cualquiera aparecí, con un aire de despiste que no puedo con el, con la mirada perdida como si buscara algo o alguien, silente pero a la vez rompiendo el espacio.

Que en un parpadeo noté tu existencia y quedé prendada de ti, de tu mirada penetrante, de tu delgadez, de tu estatura y que al escuchar lo suave de tu voz, me derretí.

Que al paso del tiempo notaste que yo era un girasol y tu, te habías convertido en mi sol. Que giraba hacia donde estabas y emanaba luz y calor. Que era un satélite vivo alrededor de ti, mi tierra y que pintaba estrellas en mi piel y lunas en mis ojos por ti.

Que tenía una sonrisa de algodón de azúcar del tamaño de una rebanada de sandía que se dibujaba en mi rostro solo por ti, que había mariposas amarillas volando a tu encuentro y flotaba en una nube rosa, si, por ti.

Que me desvivía en detalles por robarte una mirada cálida y decía tonterías para arrancarte la risa y egoístamente decir que era mía.

Que me enamoré estúpidamente del hombre (que me hiciste creer) que eras y que de pronto, te convertiste en mi muso. Que te escribí correos, mensajes de texto, letras en tinta azul, aún cuando muchos no tuvieron respuesta.

Que te entregué mi amor incondicional y que a pesar de que tus actitudes hacia mi eran agresivas y a veces hirientes, ahí estaba yo, mirándote alelada.

Puedes decir, si quieres, que durante el tiempo que babeaba por...corrección, suspiraba por ti, no salí con nadie, por esperarte. Sólo con mis amigas  y eso, a veces, el resto de mi tiempo era tuyo. Después las cosas cambiaron y...eso es otro tema que después te contaré, mi vida.

También dí, si así lo deseas, que decidiste castigarme con el látigo de tu desprecio e ignorarme, ausentarte, decirme cosas que un caballero no diría y algunas más que no cumplirías pero que se escuchaban lindas saliendo de tus labios, con todo y eso, seguía ahí. Esperando, aguantando. 

Dí que te rogué, que te lloré, que no dormí por pensarte, que me mordía los codos de desesperación (las uñas no, las cuido mucho), que te buscaba en mis madrugadas y te ansiaba al despertar. 

Que despertaste todos mis instintos de mujer, que excitabas mi cuerpo  y provocabas mi mente. Que pudiste haberme tomado y haberme hecho tuya cuantas veces quisieras sin que me negara. Que soy un empalagoso tarro de miel, romántica, cursi, entregada, con amor a manos llenas para darte. Que te cantaba y hablaba en canciones y colores.

Si, lo sé, es el efecto que provocas en tus mujeres, no fui la excepción. 

Di lo que quieras, que poco me importa, mi vida. Eleva tu ego hasta donde quieras, que la verdad de la historia la sabes y si fuera tu, no haría comentario alguno.

Suena absurdo dejar ir a quien te amaba hasta los defectos, a quien te amó cuando ni tu mismo lo hacías. Tal vez era demasiado amor para ti, proveniente de una sola persona y eso te hizo correr. A quien pudiste tenerla y ni siquiera te atreviste a tocarla, quién sin darte cuenta, pudo hacerte realidad un buen porcentaje de las canciones románticas. Pregúntale a tu ego cuales son. 

No fue a mi a la que le faltó valor para decir las cosas de frente, no a través de un par de líneas, no fui quien nunca tuvo tiempo para ir por un café, ni quien se subió al pedestal para ser inalcanzable. 

Fui tan tonta estando contigo, que siempre estuve de sobra por si algún día te hacía falta. Un sólo "te extraño" escuchado en tu voz, mirándome a los ojos, me haría regresar. 

Te aclaro, si me fui, no fue por que me ahuyentaras o así lo decidieras o me dejaras ir, me fui por que quise. 

Saludos a tu orgullo, seguramente te va a querer más que yo.