miércoles, 17 de abril de 2013

Dormir llorando

Y me dormí llorando, pensándote.


No lloro por ti, lloro por mi.



Al cerrar los ojos y acostarme sobre la almohada se desencadenaron una serie de sensaciones imparables y sólo se pudieron liberar a través del llanto.



Ya no puedo más, llegué a mi límite y estoy agotada. Tal vez debería de acostumbrarme al amor unilateral, a amar a destiempo a quien no me amará, pero es tan difícil.



Tengo que despedirme y aceptar dolorosamente que mis sentimientos no son correspondidos, que sólo soy un momento en algunos de tus días, que sólo relleno minutos ociosos, que ya formo parte de tu rutina y que me llenaste de palabras vacías. 



Tal vez eres la broma pesada de un ángel y tu juego de conquista y castigo es muy cruel. 



Me encantaría ser trillada y en un rato de despecho decir: "él se lo pierde". No puedo, también me lo pierdo yo, me pregunto ¿qué se sentirá sentirse amada por alguien como tu? Sólo de imaginarlo, vuelo. 



Podría hacer una lista exclusiva de "hubiera" contigo o de sucias fantasías que imaginé a tu lado, un soundtrack que empezara con "Te vi venir" de Sin Bandera, pasando por "Macondo" esquina con "Alfonsina y el mar", para doblar a la derecha topando con la voz de José José cantando "Volcán" y en el camino muchas más para debatir con la que escucho ahora que "causalmente" suena en el mp3 "No lo beses" versión Río Roma, que por cierto, yo no le dedicaría necesariamente a un ex sino a alguien que estuvo y de pronto se va, de esas relaciones sin nombre, pero que marcan un punto en el mapa de la vida, terminando con mi canción, "El breve espacio en que no estás".



Sé que las posibilidades de que leas estas o cualquiera de las otras letras que he escrito para ti son pocas, tal vez, nulas. Si alguna vez lo haces, espero que sepas leer entre líneas e identificarte con las que me inspiraste. Si, soy tu estúpido y sensual girasol que con un suspiro se desdobló para plasmarse y dedicarte un par de líneas antes de verte y fueron exactamente cinco minutos. Así de rápido me mueves.



¡Hay tantos verbos que me gustaría conjugar contigo!



Con el corazón en la mano palpitando por ti, a nombre de todo mi ser, te doy las gracias. Cada estrella en mi mirada, cada sonrisa ensoñada, los escalofríos, la piel erizada, mi alegría efervescente, el cosquilleo en todo mi cuerpo, las mariposas que se escapan de mi con cada respiración y el brillo que emano al sentirte cerca, son tuyos. De nadie más. No quisiste ver la diferencia entre mi coquetería natural y mis ansias de ti. 



Gracias, por que a pesar de que a ésta historia le faltó un nosotros, aprendí tanto de mi en tan poco tiempo.



Decir que te amo está de sobra, pero tienes que saberlo.



No quiero ni puedo decirte adiós sino hasta entonces. 



Te veo donde sea, ya saqué mi licencia para coincidir.